El 3 y 4 de febrero estuve en Barcelona Wine Week presentando mis vinos en una de las ferias más importantes del calendario europeo. Es una sensación compartida por muchos de los que trabajamos el vino desde la raíz: BWW se ha consolidado como una cita estratégica, profesional y cada vez más influyente.
Mi impresión este año es clara: más compradores internacionales, más prescriptores de alto nivel, más foco en la identidad y menos ruido. Y eso, para quienes defendemos un vino con carácter, es una muy buena noticia.
Una feria que ya juega en primera división

La Barcelona Wine Week, organizada en el recinto de Montjuïc de Fira Barcelona, nació con la vocación de poner en valor el vino español desde la diversidad de territorios. En pocas ediciones ha logrado posicionarse como uno de los encuentros de referencia en Europa, comparable a otras grandes citas internacionales.
Algunos datos que refuerzan esa percepción:
- Fuerte presencia de compradores internacionales de mercados estratégicos.
- Participación de Masters of Wine, sumilleres de prestigio y prensa especializada.
- Un programa de catas y ponencias centrado en calidad, origen y singularidad.
- Representación amplia de denominaciones de origen de todo el país.
Distintos medios del sector y profesionales coinciden en que BWW ha ganado solidez, profesionalización y capacidad real de generar negocio. No es una feria de postureo, es una feria donde se habla de vino con profundidad.
Y eso se nota.

Mostrar mis vinos en este contexto
Presentar mis vinos en este entorno tiene un significado especial.
Yo no hago vinos para gustar a todo el mundo. Hago vinos que expresan territorio, tiempo y criterio. Vinos que nacen de un arraigo profundo a La Rioja, pero que no se esconden detrás de una etiqueta cómoda.
Como ya he contado en otros artículos del blog, muchas personas llegan a mí buscando vinos honestos, con identidad, vinos que no están pensados para el algoritmo sino para la mesa y la conversación
En Barcelona volví a confirmar algo importante:
Hay una búsqueda real de autenticidad. De elaboraciones cuidadas, de proyectos con alma y liderazgo claro.
Y sí, también de mujeres que dirigimos nuestro propio proyecto con criterio técnico y voz propia.

Una mujer enóloga en primera línea
En las conversaciones mantenidas en la feria (con importadores, sumilleres y colegas) percibí algo que me reafirma: el mercado internacional valora cada vez más los proyectos personales, las bodegas de autora y el relato coherente entre territorio, viticultura y estilo.
Mi trabajo no es solo elaborar vino. Es sostener una visión.
Como escribí en otro momento, el vino no es un producto aislado: es identidad, es cultura, es posicionamiento
BWW 2026: consolidación y madurez
Si el año pasado la sensación era de crecimiento, este año la palabra es consolidación.
- Mejor organización.
- Mayor calidad de los visitantes profesionales.
- Más interés en vinos de producción limitada y con identidad marcada.
- Conversaciones menos superficiales y más técnicas.
Para quienes trabajamos con producciones cuidadas y un sello distintivo claro, este contexto es el adecuado. Porque aquí no gana el volumen. Gana la coherencia.
Y mi vino no necesita explicaciones largas. Como siempre digo: no te lo explico, te lo sirvo
¿Qué significa esto para mis vinos?
Significa que el proyecto está en el lugar correcto.
Que hay mercado para vinos con carácter.
Que la identidad no es un riesgo, es una fortaleza.
Que el territorio, cuando se trabaja con respeto y conocimiento técnico, se convierte en valor.
Si quieres descubrir mis vinos, puedes conocer la colección completa aquí:
👉 Vinos de Elena Corzana
https://elenacorzana.com/vinos
Y si quieres vivir la experiencia en origen, te invito a visitar la bodega en La Rioja. No es una visita al uso. Es una conversación directa con el viñedo, con el proceso y con la intención detrás de cada botella:
👉 Visitas a bodega
https://elenacorzana.com/visitas-bodega
Barcelona Wine Week como espejo del momento actual
Barcelona Wine Week refleja algo más amplio: el momento que vive el vino español.
Menos dependencia de la marca histórica.
Más foco en la singularidad.
Más espacio para proyectos de autor.
Más atención internacional al detalle.
Y en ese escenario, seguir defendiendo un vino con identidad propia no es solo una decisión estilística. Es una postura.
Yo seguiré ahí. En el viñedo. En la bodega. En las ferias internacionales cuando tenga sentido.
Con la misma convicción: hacer vinos que hablen de dónde vienen y de quién los ha creado.
Nos vemos en la próxima copa.

