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El paso al frente de los pequeños productores de Rioja

Durante años, muchas conversaciones importantes han ocurrido lejos de los focos. En bodegas pequeñas, en viñedos, en comidas improvisadas después de una jornada larga. Conversaciones sobre cómo trabajamos, sobre lo que somos, sobre lo que significa hoy hacer vino en Rioja desde proyectos pequeños, personales y profundamente ligados al territorio.

Por eso, cuando el diario La Rioja publicó el reportaje «El paso al frente de los pequeños productores de Rioja», sentí que algo que llevaba tiempo gestándose empezaba a hacerse visible. No como una moda ni como una etiqueta nueva, sino como el reflejo de una realidad que existe desde hace años y que necesitaba ser contada.

Otra forma de entender Rioja

Hablar de pequeños productores en Rioja no es hablar de una excepción. Es hablar de una parte fundamental de la denominación. De proyectos que nacen del conocimiento directo del viñedo, de decisiones tomadas con responsabilidad y de una relación muy cercana con la tierra que se trabaja.

Durante mucho tiempo, la imagen de Rioja ha tendido a simplificarse. Como si existiera una sola manera de hacer vino, un único estilo reconocible y uniforme. Sin embargo, quienes vivimos y trabajamos aquí sabemos que Rioja es diversidad, matices, paisajes distintos y miradas muy personales.

El reportaje recoge precisamente esa idea: que existe otra Rioja, formada por pequeños viticultores que elaboran vinos honestos, coherentes con su origen y fieles a su manera de entender el oficio.

El nacimiento de una voz común: VIR

De esa necesidad de visibilizar lo que ya estaba ocurriendo nace VIR (Viticultores Independientes de Rioja), un colectivo que agrupa a 38 pequeños productores repartidos por distintas zonas de la denominación.

VIR no nace como oposición, sino como afirmación. Como una forma de decir: estamos aquí, trabajamos así y creemos que esta diversidad enriquece Rioja. El colectivo pone en el centro el valor del oficio, del origen, del paisaje y de los proyectos construidos paso a paso, sin atajos.

Compartir una voz común no significa perder identidad. Al contrario. Significa protegerla y explicarla mejor.

Defender el vino desde el viñedo

Uno de los puntos que más me resonó del artículo es la insistencia en algo que para muchos de nosotros es obvio, pero que no siempre se comunica: el vino empieza en el viñedo.

Defender el vino desde el viñedo implica asumir una responsabilidad diaria. Conocer cada parcela, entender sus límites, aceptar que no todos los años son iguales y que no todo se puede forzar. Implica trabajar con lo que el territorio ofrece, no imponerle una idea preconcebida.

Los pequeños productores solemos movernos en escalas reducidas, con producciones limitadas y recursos ajustados. Pero esa escala también permite una atención al detalle que define el carácter de los vinos. No se trata de hacer más, sino de hacer mejor y con sentido.

Vino de autor y proyectos personales en Rioja

El término “vino de autor” se ha utilizado muchas veces de forma superficial. Sin embargo, cuando hablamos de pequeños productores en Rioja, el concepto cobra un sentido muy concreto: vinos que reflejan decisiones personales, trayectorias vitales y una forma de estar en el mundo del vino.

Cada proyecto tiene su historia, su contexto y su manera de expresarse. Algunos trabajamos desde bodegas muy pequeñas, otros desde espacios compartidos, otros recuperando viñedos familiares o apostando por variedades y elaboraciones menos evidentes.

Esa pluralidad no debilita la denominación. La fortalece. Porque demuestra que Rioja no es una fórmula cerrada, sino un territorio vivo, capaz de albergar estilos distintos sin perder identidad.

Honestidad frente a homogeneización

El artículo también pone sobre la mesa una preocupación compartida: el riesgo de la homogeneización. De que el vino responda más a tendencias de mercado que al lugar del que procede. De que se pierdan matices en favor de un perfil fácilmente reconocible, pero poco conectado con el origen.

Desde proyectos pequeños, la respuesta suele ser la honestidad. Hacer vinos que tengan sentido para quien los elabora, aunque no encajen en modas pasajeras. Apostar por la coherencia a largo plazo, aunque el camino sea más lento y exigente.

Esa manera de trabajar no es más fácil. Pero sí es más fiel a lo que muchos entendemos como viticultura responsable.

Rioja: muchas tonalidades, muchos estilos

Una de las ideas que recoge el reportaje y con la que me siento profundamente identificada es que Rioja no tiene un solo color. Tiene muchas tonalidades, muchos paisajes y muchas formas de interpretarlos.

Defender cada uno su propio estilo no significa fragmentar, sino reconocer la riqueza que existe dentro de la denominación. Significa aceptar que no todos los vinos tienen que contar la misma historia, ni hacerlo de la misma manera.

Como pequeña productora, siento que este reconocimiento es clave para que proyectos como el mío puedan seguir desarrollándose con libertad y coherencia.

Mirar al mercado sin perder el origen

Otro punto importante que se menciona es la voluntad de llegar lejos. De que los vinos de pequeños productores estén presentes tanto en el mercado nacional como en mercados internacionales, en buenas vinotecas y restaurantes.

Aspirar a eso no está reñido con mantener una identidad clara. Al contrario. En muchos casos, son precisamente los proyectos con personalidad los que despiertan mayor interés fuera. Porque cuentan algo auténtico, porque están anclados a un lugar concreto y porque no intentan parecer lo que no son.

Un paso al frente necesario

VIR es, en muchos sentidos, un paso al frente colectivo. Una forma de decir que el trabajo silencioso también merece espacio. Que el vino no solo se mide en cifras, sino en coherencia, en respeto al territorio y en la capacidad de sostener proyectos humanos a largo plazo.

La presentación oficial del colectivo tendrá lugar el 2 de marzo de 2026 en Madrid, en un evento abierto tanto a profesionales como al público general. Será una oportunidad para seguir explicando esta otra Rioja y para generar conversaciones necesarias dentro y fuera del sector.

Seguir haciendo, seguir contando

Para mí, formar parte de este movimiento tiene todo el sentido. Porque conecta con la manera en la que llevo años trabajando: desde el respeto al viñedo, desde la escala pequeña y desde una mirada honesta sobre lo que significa hacer vino hoy en Rioja.

Que esta realidad empiece a reflejarse en los medios es importante. Pero lo verdaderamente importante es que siga viva en los viñedos, en las bodegas y en cada botella que llega a una mesa.

Porque Rioja no es una sola. Y contar esa diversidad también es una forma de cuidarla.

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