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La historia de la Dehesa de Navarrete: un legado que se refleja en el vino

La Dehesa de Navarrete, también conocida como La Verde, es un espacio natural de unas 404 hectáreas en el municipio de Navarrete, situado en las estribaciones finales de la Sierra de Moncalvillo, ya en la Depresión del río Ebro. Para mí, como viticultora, la historia de esta tierra es fundamental para comprender el carácter y la esencia de las vides que cultivo. Cada cepa crece en un suelo que ha sido testigo de miles de años de actividad humana, y esa conexión con el pasado impregna de una forma única a los vinos que produzco.

Un espacio con una rica historia

La Dehesa de Navarrete ha sido ocupada desde tiempos antiguos, y su historia está marcada por el uso tradicional del terreno para el pastoreo y la obtención de recursos como leña, carboneo y caza. Estos usos se reflejan en el nombre de la dehesa y en las diversas vías pecuarias que atraviesan la zona. Durante siglos, la Dehesa fue una fuente de sustento para la población local.

En mi vida como viticultora, a menudo pienso en cómo esta tierra ha sido trabajada durante siglos y cómo, al igual que los pastores y agricultores de antaño, sigo utilizando sus recursos de una manera respetuosa con el medio ambiente. A partir del siglo XVIII, el auge de la viticultura llevó a la roturación de zonas de bosque, lo que hizo que estos territorios, antes dedicados al pastoreo, se convirtieran en viñedos.

La transformación geológica y ecológica

La Dehesa de Navarrete no solo es rica en historia, sino también en geografía. Esta zona se encuentra sobre una rampa geológica que conecta la Sierra del Serradero con el cauce del río Ebro, una formación que se ha originado a través de la erosión de la Sierra de Cameros. El terreno aquí está compuesto principalmente por areniscas y conglomerados y tiene una capa de suelo pardo eutrófico, con una profundidad de unos 50 cm. Este suelo, con una alta concentración de silíceo y de materiales orgánicos, es ideal para el cultivo de vides.

El clima de la región, combinado con este suelo único, crea un entorno perfecto para la viticultura. Las vides crecen en un suelo con una alta mineralización, lo que se refleja en el sabor y carácter de los vinos que produzco.

La Dehesa como parte del viñedo

El viñedo que cultivo está situado en este espacio histórico que es la Dehesa de Navarrete. El terroir aquí es único, y no puedo evitar sentir una profunda conexión con esta tierra, que ha sido trabajada durante generaciones. Esta tierra, que ha visto a lo largo de los siglos el paso de diferentes civilizaciones, es testigo de cómo la viticultura moderna toma lo mejor de la tradición para seguir produciendo vinos de calidad.

A menudo, mientras recorro mi viñedo, me imagino a aquellos antiguos pobladores trabajando esta misma tierra, cultivando y recolectando los frutos que alimentaron a generaciones. Hoy, mi trabajo sigue esa tradición, pero con las herramientas y conocimientos modernos que permiten hacer el mejor uso de los recursos naturales de la Dehesa.

El presente y futuro de la Dehesa de Navarrete

Hoy en día, la Dehesa sigue siendo un espacio protegido, y su importancia ecológica se mantiene vigente. En mi caso, y como muchos viticultores de la zona, opto por prácticas de viticultura ecológica que respetan la tierra y sus recursos. La agricultura sostenible es el futuro de la Dehesa de Navarrete, y me enorgullece saber que, a través de mi trabajo, contribuyo a preservar este valioso espacio natural.

La Dehesa no es solo un lugar donde crecen mis vides, sino también un lugar lleno de historia, de vida y de biodiversidad. Mis vinos son un reflejo de esta tierra, de su historia y de su evolución. Cada cepa que cultivo se alimenta de un suelo que ha sido testigo de los cambios de la humanidad durante miles de años. Y, como viticultora, siento la responsabilidad de preservar este legado para las generaciones futuras.

Reflexión final

Para mí, como viticultora, la Dehesa de Navarrete es mucho más que un espacio de cultivo: es un símbolo de la tradición, la historia y la conexión entre la tierra y el vino. Mis vinos artesanos reflejan todo lo que esta tierra me ha dado: su historia, su carácter, y el esfuerzo que, día tras día, dedico al cultivo de las vides.

Cuando bebes un vino de Elena Corzana, estás probando un pedazo de historia. Estás saboreando un vino que ha sido producido en una tierra llena de tradición, de esfuerzo y de amor por la viticultura. Cada botella cuenta una historia, y esa historia comienza en la Dehesa de Navarrete.

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