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Los viñedos como cortafuegos: cuando la vid salva pueblos

El 23 de agosto de 2025, El País publicó un reportaje estremecedor: “Así ha resistido Valdeorras tras el fuego: el viñedo salvó pueblos enteroshttps://elpais.com/gastronomia/2025-08-23/asi-ha-resistido-valdeorras-tras-el-fuego-el-vinedo-salvo-pueblos-enteros.html. En él se contaba cómo los viñedos de esta denominación gallega se convirtieron, casi sin proponérselo, en la mejor defensa frente a un incendio forestal que arrasó miles de hectáreas.

Lo que podría haber quedado en una anécdota aislada nos invita, sin embargo, a pensar en algo mucho más profundo: la vid no solo nos da vino, también protege comunidades, equilibra el paisaje y se convierte en un cortafuegos vivo en tiempos de emergencia.

Quiero detenerme en este tema porque habla de nuestra responsabilidad como viticultores, pero también del papel que el viñedo tiene en la vida social y cultural de nuestros pueblos.

Valdeorras: el fuego y la resistencia del viñedo

El incendio de Larouco, el más devastador en la historia de Galicia, dejó imágenes de devastación absoluta: montes calcinados, pinares reducidos a cenizas y pueblos en tensión por el avance de las llamas. Sin embargo, allí donde había viñedos, el fuego se detuvo.

Viticultores como Simón Val, de A Cova da Sabreira, contaban cómo su pueblo quedó atrapado entre las llamas. Solo un cinturón de viñas en una vaguada logró frenar la expansión del incendio y dio a los equipos de extinción el respiro necesario para proteger las casas.

El Consejo Regulador lo resumió de manera contundente: “El viñedo fue el cortafuegos más espectacular.”

¿Por qué la vid frena el fuego?

Desde un punto de vista técnico, la explicación es clara:

  1. Humedad en la planta y en el suelo.
    La vid retiene más humedad que el matorral seco o los pinares resinosos, por lo que no arde con facilidad.
  2. Manejo del viñedo.
    Los suelos están trabajados, despejados de maleza, y las cepas reciben riegos ocasionales o rocíos que mantienen frescor en el ambiente.
  3. Paisaje en mosaico.
    Un territorio con alternancia de viñedos, cultivos y monte genera discontinuidades que frenan la propagación del fuego.

En un mundo rural cada vez más despoblado y con más superficie forestal abandonada, el viñedo aparece, no solo como un motor económico, sino como un aliado medioambiental y protector del territorio.

Lo que aprendemos de Galicia en La Rioja

Como riojana, me impresiona este ejemplo de Valdeorras porque me obliga a mirar mis propios viñedos con otra perspectiva. Aquí también vivimos con el riesgo de incendios, especialmente en veranos cada vez más secos y calurosos.

Nuestros paisajes de viña en el Moncalvillo, en Navarrete, en San Vicente o en Haro, cumplen una función que quizás no siempre verbalizamos: mantener el territorio vivo y habitable.

Cada cepa podada, cada bancal recuperado y cada parcela cultivada son una forma de prevenir el abandono que convierte los montes en polvorines. El viñedo es, en este sentido, una inversión en seguridad y futuro.

El vino como herramienta de resiliencia

El reportaje de El País no solo cuenta cómo los viñedos detuvieron el fuego. También recuerda que la vendimia empezó en Valdeorras con un paisaje herido, pero con la fuerza de quienes entienden que cosechar es resistir.

Este mensaje me parece poderoso: la viña no es inmune a la destrucción, pero es capaz de renacer, de brotar de nuevo, de convertirse en símbolo de resiliencia.

En La Rioja hemos vivido tormentas de granizo que en minutos arrasan lo que costó un año de trabajo. Sabemos lo que es mirar al cielo y sentir la vulnerabilidad de depender de la naturaleza. Pero también sabemos lo que significa volver a podar, volver a atar la viña, volver a confiar en la tierra.

Una llamada a la responsabilidad colectiva

Que los viñedos se conviertan en cortafuegos nos da un motivo más para cuidarlos. Pero no puede recaer solo en viticultores individuales la responsabilidad de proteger el territorio.

Necesitamos:

  • Políticas agrarias que fomenten el mosaico agrario. Más diversidad de cultivos, menos monocultivos forestales que arden con facilidad.
  • Incentivos para mantener viñedos en zonas de riesgo. Que el esfuerzo de cultivar en lugares complicados tenga reconocimiento social y económico.

Educación sobre el valor del viñedo. No solo como producto de consumo, sino como herramienta de gestión del territorio.

El vino que bebemos y el paisaje que defendemos

Cuando descorchamos una botella, rara vez pensamos que ese vino también puede haber sido un cortafuegos. Sin embargo, el caso de estos incendios nos invita a ampliar la mirada: beber vino es también apoyar la continuidad de un paisaje que protege pueblos enteros.

Cada copa puede ser un acto de memoria y de compromiso. Memoria, porque recuerda el trabajo de generaciones que han humanizado la tierra. Compromiso, porque cada elección de consumo influye en el futuro de esos territorios.

Conclusión: la vid como vida

El fuego en Galicia y en Bierzo ha dejado cicatrices profundas, pero también una enseñanza: allí donde había viñas, hubo salvación. Ese dato, que parece técnico, es en realidad un relato de vida.

La vid no solo produce racimos. También preserva pueblos, sostiene comunidades y actúa como una muralla verde contra la devastación.

En La Rioja, en León, en cualquier región vitivinícola, cuidar la viña es cuidar la vida.

Que este episodio nos recuerde que nuestro trabajo como viticultores no termina en la bodega. Empieza mucho antes, en el campo, en cada poda, en cada racimo que dejamos madurar, y se prolonga en cada gesto de respeto hacia la tierra que habitamos.

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